Hubo ambiente aquella noche en el viejo café,
101 mosquitos hambrientos vibraban al verte mover,
mis cicatrices empezaban a hervir,
mi alma sólo éra confusión,
mis ojos dos dagas clavadas en ti,
y en tus sonrisas la humillación,
con tus nalgas en sus alientos,
provocando el placer,
reina de humo te lo dije:
¡No estoy dispuesto a perder!
Creías haberme engañado otra vez,
nunca me arrepentiré,
101 disparos recuerdo,
en el camerino al amanecer,
yo y tu cuerpo ensangrentados,
provocando el placer,
reina de humo te lo dije:
¡No estoy dispuesto a perder!